Ya tiene unos cuantos años la polémica pero la semana pasada coincidieron en A Coruña, pero en conferencias diferentes, Eduard Estivill y Carlos González, autores de libros sobre el sueño infantil con puntos de vista diferentes sobre como dormir a los niños.
Eduard Estivill fue invitado por el Colegio de Farmacéuticos, y habló tema “Dormir para vivir y dejar vivir”. Carlos González, fue invitado por el hospital USP Santa Teresa de A Coruña para hablar sobre: “El sueño del bebé. ¿Por qué no quieren dormir solos?”.
Eduard Estivill, autor del libro “Duérmete niño” afirma que el sueño es un hábito y que los niños necesitan unas normas para fomentar dicho hábito. Si el niño llora no hay que cogerlo rápidamente, sino que hay que seguir unas pautas para que se acostumbre a dormir solo. Hay padres que lo han aplicado y les ha dado éxito siendo una buena manera de inculcar unos hábitos de sueño y evidentemente es duro al principio (para los padres). Por el contrario sus detractores dicen que puede causarle serios trastornos emocionales y psicológicos al niño (¿?).
Por otro lado Carlos González, autor de “Bésame mucho” propone que lo primero que hay que hacer es cogerlo en brazos y consolarlo y que es muy importante que el niño pueda confiar en sus padres y que sepa que se les presta atención cuando lo necesita y que se satisfagan esas conductas innatas. Propone llevar a cabo una educación basada en comprender por qué lloran los niños y darles lo que necesitan. Se muestra a favor de la práctica del colecho y la lactancia a demanda. Explica el comportamiento de los niños cuando lloran como un simple acto de supervivencia que no debe de ser menospreciado.
¿Pero que pasa cuando el niño ya tiene unos añitos?. Cuando los padres acuden a consulta y dicen que su hijo no duerme, mejor dicho “no les duerme”, acuden no porque el niño lo necesite sino porque los padres lo necesitan y no saben como salir del embrollo en que se han metido.
Cuando un niño de 2,3 o 4 años monta una “pelotera” enorme cada vez que intentan que duerma solo en su habitación de alguna manera los padres han contribuido a ello (a veces con las mejores intenciones se logran los peores resultados). Posiblemente la manera en que han intentado solucionarlo y que no ha funcionado (y por tanto ha contribuido al mantenimiento del problema) vaya en la dirección del refuerzo de esas conductas. Por ejemplo acudir rápidamente a su llamada, quedarse con él hasta que se duerma, meterlo en cama con ellos, etc. En definitiva lo que nos dicta el llamado “sentido común”. En esos casos es necesario romper esa pauta y optar por un giro de 180 grados e intentar progresivamente una solución en la dirección contraria.
